A mi Mamá...

 



A mi mamá...

          11 de febrero, 2026 

Hace 11 años y unos meses más, se fue de mi mundo la estrella de mi vida. Hoy, en el que habría sido su cumpleaños número 65, me he dado el tiempo de  exteriorizar esto que desde hace tiempo llevo sintiendo. Una pausa a todo lo demás porque siento que hoy es importante darle su lugar, el homenaje y todas las emociones que ella se merece. Así que aquí voy. 


Desde hace meses, llevo sobre mi cuerpo y mi mente una carga inmensa de dolor que no sana con los días, mas bien, creo que se hace peor. Luego de un largo proceso para sanar, para encontrarme nuevamente como individuo sin ti, aprendí a volar sola. Encontré alivio y de alguna manera supe cómo seguir adelante con mi vida, siempre extrañándote, siempre contigo presente, pero de una manera que ya no dolía tanto. Creo en el camino encontré personas y actividades que me ayudaron mucho a crecer, a sentirme empoderada, a ser una mujer independiente y sentirme de nuevo completa. Tomé muchas decisiones que a mal o a bien, me llevaron por caminos que ahora estoy feliz de haber recorrido. He sobrevivido estos años de tu ausencia y creo que estarías bastante orgullosa de mí. 

No he dejado de extrañarte ni un minuto, pero había logrado que el hecho de no tenerte físicamente conmigo, no se sintiera como una roca enorme sobre mi pecho. Hoy, ya soy mamá de un pequeño de 2 años, tengo una familia que me hace feliz y tengo mucho en realidad por lo que estar agradecida. Sin embargo, cada dos de tres días siento que me ahogo de pena, porque desde hace meses volví a sentir que algo se me arranca desde adentro cada vez que pienso en que ya no estas aquí y que no vas a estar más. 


Esa dolorosa herida que me marcó el día que te fuiste, hoy se siente más profunda. No sé si sea la maternidad o lo difícil que está resultando la vida, porque el ser adulto y tener tantas cargas y responsabilidades no ja resultado nada divertido; pero algo en mí ha despertado de nuevo el dolor y el vacío de tu ausencia. Lo más triste de todo es que, a pesar de que trato de recordarte en los momentos más felices y bonitos, el tiempo también pesa en mi memoria y ha logrado volver borroso el sonido de tu voz, tu risa, la sensación de tus caricias. Duele no recordarlas bien, y el pensar que es algo que no voy a poder recuperar otra vez. 


Mi mente me juega malas pasadas, porque en mis sueños te veo, ahora con más frecuencia, y siempre la situación es que regresas de tu “muerte” y me dices que solo estabas escondida, por razones que no puedes contar. Pero también, siempre me dices que no te puedes quedar y no explicas por qué. Luego en mi día a día, te pienso 24/7, cada situación la comparo con cómo sería si estuvieras aquí. Cómo serías con el Thiago, cómo les disfrutarías a tus nietos y cuántas pijamas planificarías con ellos para ver películas, comer canguil y bailar y cantar. Cómo sería yo, sabiendo que tengo ese lugar seguro a dónde llamar o a dónde volver. Cómo pasaríamos horas conversando y así la vida, con todo y sus cargas, se sentiría más liviana. La maternidad sería menos solitaria, un poco más desahogada y compartida. Maternar sin ser maternada es quizás lo más difícil que he hecho en mi vida, porque no hay a dónde correr, no estás para arrullarme mientras me dices con la más sentida sinceridad, que todo va a estar bien. Porque los adultos también necesitamos que alguien nos arrulle de vez en cuando. 

 

Vivo con una especie de esperanza tonta, como si algo en mí sintiera que va a llegar el día en que todo vuelva a cambiar. Como si en algún momento pudiera volverte a abrazar y mi mundo pudiera de repente estar de nuevo completo y perfecto. Entonces el golpe es más fuerte, cuando vuelvo a procesar que nada es así. 


Hoy necesito hacer un nuevo cierre y dejarte ir. Ponerle fin a este duelo eterno que me pesa en el corazón y no me deja brillar. Quiero volver a hablar de ti sonriendo y no con el nudo en la garganta. Quiero contar historias de cuando fuimos felices contigo y no de cómo duele el que ya no estés aquí. Quiero escribir sobre ti con mi corazón alegre, haciendo honor a cómo tú fuiste, y no escribirte con esta sombra encima que opaca todo lo bueno y lo lindo que vivimos en el tiempo que tuvimos. Quiero cerrar los ojos y escuchar el sonido de tu voz cantando. Quiero poder hablarle de ti a mi Thiago, pero desde el amor y no desde el dolor que me causa la falta de ti. Quiero poner más fotos tuyas en mi casa y poder verlas sin que los ojos se me hagan agua cada vez. Quiero poder hablarte por las noches antes de dormir y sentirte conmigo, y ya no sentirme sin ti. 

Ma, no hay un segundo en que deje de extrañarte y creo que nunca lo haré, pero quiero extrañarte bien. Quiero ser feliz, como sé que tú quisieras que sea. Entonces debo decir adiós una vez más. Es momento de cerrar la página del dolor y de tratar de encontrar el camino de la resiliencia en el que quizás algún día, si logro ser mínimamente como tú, pueda volver a encontrarte, reflejada en mí. 



Comentarios

Entradas populares